¿Por qué el tiempo ahora pasa tan despacio?
Cuando estábamos juntos en el parque todo iba tan deprisa, apurábamos al máximo el tiempo que teníamos y siempre cogíamos el ultimo autobús, aunque eso nos hiciera estar una hora solos esperando al nuestro.
Ahora cada segundo parece un día, un día interminable. Cada segundo se transforma en un puñal que con la fuerza de un obús te atraviesa el pecho, te atraviesa el pecho como si fuera de mantequilla y el propio puñal estuviera a una temperatura propia de las calderas de un tren a vapor.
Esos días que pasábamos juntos en los que con solo tumbarnos un rato a ver la tele el tiempo volaba y al mirar el reloj, darnos cuenta que teníamos que correr para llegar a la estación. Sentía que todo el tiempo del mundo se me quedaba corto contigo, que necesitaba más y más. Ahora no pasa el tiempo. Han pasado menos de 4 días después del 14 de febrero. Estos días me están pareciendo meses, meses del invierno más frío, en un lugar sombrío formado por lo que pudo ser y no fue, formados por el pesar de no haber hecho lo que el corazón me pedía, un corazón eclipsado por el sentimiento de que tú debías dar más, cuando lo que necesitabas era recibir más que nadie. Solo supe ser egoísta y golpear una y otra vez pensando que al que se le hacia daño era a mí.
No supe ver tu necesidad de tener un pilar en el que apoyarte y me convertí en el que tira de la cuerda para que se abra la trampilla y la soga haga el resto. Ahora esa soga me estrangula a mí, lenta pero inexpugnable.
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